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viernes, 18 de junio de 2010

¿QUÉ ES LA FELICIDAD?


Isaac Fernández de la Villa.

En esta ocasión compartiré con vosotros, amables lectores, parte de algo que durante años estuvo acaparando polvo en algún archivo informático, de esos que mantenemos guardados con recelo en espera que un milagro lo desempolve y cambie nuestras vidas... Pero el tiempo pasó y el milagro nunca llegó, para advertir además, que los cambios que se producen en nuestras vidas no necesariamente han de estar acordes a nuestros deseos, porque éstos no siempre convienen al ritmo de evolución que deberíamos llevar; hacia destinos generalmente muy controversiales en definición y consideraciones. Así que elegí ser yo quien desempolvar, abrillantar, y entregar a la humanidad lo que en realidad nos pertenece a todos, porque todos buscamos lo mismo aunque estemos confundidos y entretenidos en buscar distintas máscaras de lo que realmente buscamos.

Sin pretensión publicitaria, pues no soy empresario, no vendo nada, y dedicarme a escribir sigue siendo para mí un “negocio” de constante números rojos, comparto con ustedes la introducción del libro que dentro de poco pondré a descargar gratuitamente por Internet. Con la intención sólo de compartir, pues por encima de cualquier interés personal está la importancia de un contenido que puede entregar a cada cual, grandes pistas para emprender el sendero del Ser Felices de verdad; ya que aquello que entrego, no se tratará de ese tipo de entretenimiento que gratamente recibimos al leer magníficos libros de emocionantes historias asombrosas que alivian nuestras cargas cotidianas. Lo que a continuación en primicia comparto con ustedes, es parte de la introducción del libro que hace seis años llamé: El Buscador de la Felicidad, y que hasta ahora no había sentido cual sería la forma de entregarlo al mundo, aunque desde que lo escribí supuso para mí una constante y pesada carga al intuir que no había sido creado ni para ser de mi propiedad, ni mucho menos para permanecer guardado; como mi personalidad tanto tiempo lo mantuvo, huyendo de él incluso para evitar escribir durante años, pretendiendo olvidarlo conjuntamente con otras grandes decepciones personales, las cuales no hicieron más que acrecentarse por la falsa huida realizada, incluso del propio país donde había nacido y vivía... Aunque ya me lo advirtieron antes de irme: “Por mucho que huyas, las cargas las llevarás contigo y tarde o temprano tendrás que enfrentarlas”…
Pues habiendo llegado el momento, aprovecho esta ocasión para dar gracias a mi yo interno, porque al fin, con su ayuda comienzo a ser capaz de liberarme de ésta, y otras cargas que aún esperan ser descargadas a un mundo que en realidad, cada vez más, siento menos pertenecer a él, porque no ceso de padecer tener que respirar el ambiente codicioso que lo gobierna…


- ¿Qué quieres ser de mayor? - le dijo una niña a otra.
- Yo quiero ser abogada como mi madre. ¿Y tú?
- ¿Yo?... Yo quiero ser ¡Feliz!

En algún lugar dentro de cada ser humano existe un impulso que dirige todos nuestros esfuerzos hacia un sólo objetivo: Alcanzar la Felicidad. Pero el tiempo pasa y en más ocasiones de las que deseásemos, la vida inclina su balanza hacia una mayor cantidad de momentos tristes y dolorosos, que emocionantes y satisfactorios donde pudimos afirmar de corazón que somos felices.
Quizá creímos haber alcanzado la felicidad cuando reunimos como trofeos en vitrina, algunas de las metas que nos planteamos cuando jóvenes. Durante años las perseguimos entre esfuerzos y sacrificios embriagados por subliminales promesas de eterno goce, pero una vez logradas, los días borraron todo carácter de perpetuidad para quedar atrapados en una monotonía cotidiana donde nos olvidamos de aquello que una vez fue motor de nuestras vidas: Buscar Ser Felices.

“En verdad os digo, si no os volviéreis y os hiciéreis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. (San Mateo 18,3)

Todo niño tiene como principal objetivo ser Feliz, pero para aquellos que crecimos en una sociedad materialista que desvirtuó tal objetivo, todas nuestras esperanzas las pusimos en obtener logros materiales, en carreras Universitarias y laborales, en éxitos empresariales y un sin fin de montañas rusas emocionales, que hicieron de una existencia aparentemente larga, sólo un instante cuando en la madurez comenzamos a intuir que ésta se acabará pronto; porque está sometida al escrutinio de un tiempo relativo donde la verdadera felicidad parece no existir. Y cansados de luchar, ya nada motivará que cambiemos el rumbo hacia una morgue que nos espera, mientras seguimos arrastrando la pesada cruz creada por nosotros mismos, invisible bajo infinidad de adornos sobre ella, estos bien representados por álbumes cargados de fotos coloridas, con las que revivir un pasado que hace tiempo murió.
Nos hicieron creer que el reino de los cielos es un lugar tan lejano y con requerimientos tan especiales y difíciles de cumplir, que nos consideramos indignos de alcanzarlo. Y de esta forma colocaron a la humanidad el brazalete de los pecadores condenados a exterminio, cuando el único requisito para llegar a tal Reino de Felicidad, es nuestra disposición a querer encontrarlo.

¡Todos buscamos la felicidad!, puede gritar la humanidad al unísono, pero ¿qué estamos buscando realmente?...

Para buscar de verdad hemos de comprender de verdad de qué se trata nuestra búsqueda, y para ello, la humanidad debe salir de esa resignación enquistada en nuestros corazones a fuerza de opresiones y palabras condenatorias. Las que resonando en nuestras almas durante siglos, lograron dejar inaudibles nuestro Gran Anhelo. Un Anhelo que sigue ahí, dentro de nosotros clamando los mismos cantos de nuestra niñez y juventud, gritando las mismas voces de esperanza, ahora solapadas bajo escombros de una vida cada día más corta y llena de futilidad: Clamores y gritos que provienen de nosotros mismos, de nuestro verdadero Ser, de nuestro Yo celestial, que pueden resumirse en tres palabras que hace tiempo olvidamos: ¡Quiero Ser Feliz!

Muchos son los que dieron por incontestables cuestiones como hacia dónde vamos y de dónde venimos, pero las respuestas nunca dejaron de estar a nuestro alcance, y ahora lo están más que nunca; sólo falta ganas de investigar y descubrir, de sacar brillo a nuestro poder de reflexión para comprender que fue subyugado bajo el egoísta pie del materialismo.

¿Qué podemos decir de nuestras vidas?...

¿Hicimos lo que teníamos que hacer porque reflexionamos antes de hacerlo?, o forjamos nuestro sendero copiando pasos de otros para acabar sacrificándonos por ideas e intereses ajenos. Porque son muchos quienes alcanzamos las metas que nos vendieron y en poco tiempo la realidad de ellas se nos presentó. Lo que parecían ser diamantes dignos de ser alcanzados se convirtieron en cristales sin valor porque tenían fecha de caducidad, y nuestros pasos se hicieron monótonos en el constante esfuerzo de mantener una alegría que dejaba de serlo cada día. Con la meta alcanzada la felicidad se marchó para sólo brillar tenuemente cada vez que nuestra imaginación la trae de nuestros recuerdos.
Cuando esto nos sucede, plantearnos otra meta suele ser nuestro consuelo, y de nuevo partimos con ilusiones renovadas hacia nuevos rumbos, para quizá obtener los mismos resultados; porque caminamos sobre una falsa interpretación de felicidad programada por una sociedad materialista que la mancilló. Y como ciegos vamos tras ella como cucaracha que huye de la luz, para ocultarse en las sombras sin pensar, que en ellas puede estar esperándole la muerte.

Actualmente nos movemos dentro de un mundo que se globaliza impulsado por la tergiversación de conceptos y la manipulación informativa programadora de personalidades, donde la palabra felicidad se ha convertido en algo poco definido, en una mercancía de compra y venta de características abstractas cargadas de circunstancias infinitas que la llevaron casi a lo incomprensible. Esto lo demuestra el hecho de que la mayoría de nosotros creemos saber qué significa ser feliz, cuando la verdadera felicidad nos sigue siendo una desconocida que nunca logramos alcanzar: ¿Sabemos realmente qué es llegar a ser felices?... ¿Creen ustedes que la felicidad es ese estado de ánimo que se complace mientras se posee un bien?...

Muchos la buscaron y creyeron encontrarla. Otros la hallaron y poco les duró. Pensar que uno la tiene puede ser un engaño, y quien la tuvo de verdad, pocas veces fue creído y en sus palabras escuchado.
...

¿Han reflexionado alguna vez sobre la felicidad o si son felices realmente?

jueves, 13 de mayo de 2010

ESCRITO LÍRICO DE LOS CAMINANTES ELEGIDOS.



ISAAC FERNÁNDEZ DE LA VILLA

En un lugar de la existencia pintores pintaban a orillas de un hermoso lago; algunos paisajes, otros bellas doncellas que modelan frente a ellos, incluso allí, los poetas vivían dignamente de su poesía, como los escritores lo hacían, entregando sus escrituras que infinidad de conocimientos transmitían… A doscientos metros del lago, centenares bailaban alegres al son músicas que a nadie molestaba, pues en las ciudades de aquel lugar no existe el sonido llamado ruido. En ellas todos a la perfección encajaban, porque todos ejercen sus vocaciones, y por eso no había esclavos ni ofuscación, ni drogadictos por no soportar la frustración. Cada ser, consciente de ser hijo del Ser, del cual parte manifestada son, participa conjuntamente de la creación, creando conjuntamente para vivir realizando cada cual, su mejor labor. Allí no se vivía para trabajar, sino que cada cual, disfrutaba ejerciendo aquella profesión para la que fue mandado a tal lugar; a este mundo aún lejano, pero al alcance de la mano, para nuestra actual humanidad…
Pero aún dentro de toda aquella complacencia generalizada, por el común ejercer de los dones traídos, existían quienes sentían el anhelo que supera todo entendimiento. Y por eso de aquel aparente paraíso deciden regresar a la tierra, para enlodarse revestidos de cuerpos densos hechos de materia en su nivel más bajo de energía vibratoria: Para de esta forma inscribirse en la gran escuela Universal de los guerreros de la luz. Donde muchos son los llamados y pocos los elegidos, mientras todos recorren la mundaneidad sin claros recuerdos del lugar de donde vienen, pero inconfundibles sienten el gran anhelo del allá hacia donde van; un más allá del aquí común y más allá de su lugar pasado, y más allá del deseo, y sobre todo, mucho mas allá de todo anhelo…

Para llegar al Saber, se requiere aprender a recordar mas allá de nuestras mentes, y para hacer esto, se requiere de una mente libre que pueda de esta forma reflexionar; y para tener una mente libre se necesita sobre todo, no tener miedo y atreverse a cualquier cosa y creencia cuestionar.
Sólo de esta forma Sabremos, y descubriremos que en un universo infinito es imposible tener sólo una opción para cualquier cosa, y sabiendo esto, nunca más creeremos ciegamente en nadie que pretenda hacernos creer lo contrario. Pues para todo: SIEMPRE EXISTEN MUCHAS OPCIONES, SÓLO HAY QUE REPLANTEARNOS EL CAMINO… ¿DE DÓNDE VENIMOS?... ¿QUÉ CONSEGUIMOS CON LO QUE HICIMOS?... ¿HACIA DÓNDE VAMOS?... ¿HACIA DÓNDE QUEREMOS IR?... “Cambiar”; es un verbo que conlleva el hacer y el actuar para modificar aquello que nos disgusta… No se trata de una simple promesa electoral con la que cada varios años volvernos a engatusar.

domingo, 2 de mayo de 2010

5 MINUTOS PUEDEN CAMBIAR NUESTRAS VIDAS



ISAAC FERNÁNDEZ DE LA VILLA.

Con hacernos dos preguntas podemos transformar nuestra existencia. La mayoría acostumbramos a preguntarle a los demás, pero dice el dicho: SI QUIERES BUSCAR, BUSCA EN TU INTERIOR. Y SI QUIERES ENCONTRAR, PREGUNTA A LOS DEMÁS. Y como las interpretaciones de dichos metafóricos son muchas, expondré la mía: Para Saber y adquirir sabiduría, hemos de buscar en nosotros mismos; lo que se resume en reflexión, experimentación, y autoobservación. Y para conformarnos con ser robots programados que aprenden poco o nada de la existencia, podemos depender por siempre de preguntarle a los demás; resumido en creer en otros ciegamente, sin reflexionar ni experimentar por nosotros mismos.
Ejemplo: ¿Por qué pasamos una mala noche?
Lo primero es, que ni siquiera nos hacemos esta pregunta. Simplemente decimos a compañeros de trabajo, amigos, y familiares, lo mal que dormimos y nos quejamos de lo cansados que estamos. Quizá no le dimos importancia porque fue la primera noche que nos ocurre, pero pasando varias noches malas, pueden suceder varias cosas:
Que poco a poco nos acostumbremos a dormir mal, para finalmente creer que dormimos bien, dejando de considerar nuestra incomodidad; perdiendo así la referencia de cuando dormíamos mejor.
También podemos autodiagnosticarnos, y con ello sentirnos bien haciéndolo porque nos da qué contar a los demás: “Tengo algo de insomnio…”, decimos, o calificando nuestro mal con algún nombre de moda que vimos por televisión.
Quizá vamos al médico para que nos recete pastillas, las cuales, sin eliminar el motivo o causa del problema, disminuyen los síntomas que nos impiden dormir bien.
Pero también podemos buscar de otra forma; en nuestro Interior. ¿Por qué no pensar y analizar cuales pueden ser las causas de nuestro trastorno?....
Ciertamente es más fácil tomar pastillas que pararnos a pensar; nos resulta más sencillo pedir soluciones rápidas que sentarnos 5 minutos a reflexionar. Lo cual impide que nos demos cuenta que quizá sólo teníamos mal puestas las sabanas, y estas, enredándose en nuestros tobillos nos crean la incomodidad de no podernos mover cómodamente. Y una vez acostumbrados a dormir profundamente con pastillas, cuando las acomodamos bien, seguimos tomándolas porque nunca supimos cual era el problema, y aún solucionado seguimos drogándonos y diciendo a todos lo bien que dormimos con tal o cual medicamento: Nos hicimos adictos a lo absurdo, y unimos la pastilla para dormir a las que ya tomábamos para el estomago, porque nunca nos paramos a pensar qué comida nos estaba creando acidez, o gases, o estreñimiento. Y a estas le tenemos que añadir las que tomamos para la ansiedad y el estrés… Lo más curioso de esto es, que aún tomando nosotros infinidad de pastillas podemos estar luego criticando a la juventud por hacer algo similar; drogarse los fines de semana, sea bebiendo alcohol o consumiendo las llamadas “pastillas de diseño”. Ellos sintiendo incomodidad por el ritmo de vida que llevan, y no parándose a reflexionar y buscar las causas, procuran huir por el camino fácil el poco tiempo que tienen libre… Así nosotros, viviendo y participando de sociedades con afianzada cultura pastillera, nos convertimos en jueces de los demás, cuando podríamos primero valorar y mejorar nuestras propias vidas.

“… ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?... ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?... ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.” (S. Mateo 7; 3…)

Las drogas de cualquier tipo afecta enormemente a la evolución natural de nuestra consciencia. ¿No merece la pena pensar un poco de vez en cuando?... Porque igual que hay multitud de factores que pueden hacernos dormir mal, existen las mismas soluciones, donde todas no requerirán el peligro de hacernos adictos a pastillas: Si las sábanas nos impiden dormir bien podemos recolocarlas. Si el frío nos incomoda los pies, podemos usar calcetines u otra manta. Quizá el pijama es pequeño o grande, y sus dobleces o costuras nos molestan. Quizá comimos algo indigesto antes de dormir, o la humedad ambiental bajó tanto que nos reseca las fosas nasales; para lo cual podemos usar un humidificador o un quemador de aceites esenciales. Quizá nuestro malestar fue una discusión o disgusto que tuvimos durante el día, y podemos aprender técnicas de relajación y meditación…
Y si importante para nosotros es encontrar las causas, más lo será poner en práctica aquello que las modifiquen, y observar cómo esto nos afecta para ir rectificando según convenga. Hay un dicho que dice: “El secreto del éxito es caerse nueve veces y levantarse diez”… Y si probando y probando no encontramos la solución o el problema se sale de nuestras manos, siempre están los demás para orientarnos con formas que pueden ser eficaces y correctas, para poner de último recurso a los químicos.
Si cansados de políticas caducadas exigimos cambios a los gobernantes, ¿por qué no cambiamos las maneras en que afrontamos las cosas?... ¿Por qué no pararnos 5 minutos a pensar lo que nos ocurre y buscar las posibles soluciones?... Encontrar causas y cambiarlas es cambiar los efectos de las mismas. Así de sencillo es el funcionamiento del mundo a todos los niveles comprensibles. Y escribo sobre esto porque en cierta ocasión pasé varios días con la nariz congestionada, sin prestarle mucha atención al asunto, pero me sorprendí que cuando cierto día me coloqué un chaleco más grueso se me quitó de inmediato. Entonces pensé en todo el malestar que me hubiese ahorrado con pararme a pensar con el primer síntoma las posibles causas; me había mudado a un domicilio más frío, y seguía abrigándome de la misma forma que en el anterior. Simplemente no fui consciente de que el cuerpo con aquella congestión nasal, me estaba avisando de que el cambio de temperatura lo estaba dañando: Porque el dolor del cuerpo es su lenguaje para con nosotros, advirtiéndonos de que algo no marcha bien y hemos de repararlo.
Si queremos podemos empezar a dejar de ser un poco como el del chiste: “- Doctor, doctor: cuando tomo café me duele el ojo… Y dijo el doctor: ¿Ha probado usted a quitar la cucharilla?”.

“Busca y encontrarás… Llama, y la puerta se abrirá…”
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¡Un Homenaje a la Poesía!